jueves, 13 de julio de 2017

Ha vuelto a despeñarse un autobús repleto de turistas. Perdió el control y salió despedido en una de las curvas de la serpenteante carretera. Ha caído al vacío por el acantilado, justo cuando iban en busca de la gran foto. No ha quedado nadie con vida, pero entre los restos del accidente hemos encontrado algunos selfies. Su última instantánea sonrientes.

Aviones al completo rebosantes de turistas, impactan uno tras otro contra inmensas torres gemelas en llamas. Torres que son reconstruidas una y otra vez, y una y otra vez aviones turísticos se estrellan contra ellas, como en una eterna animación GIF. Inmensos hoteles donde el turista celebra sus vacaciones programadas, esparciendo su semen aquí y allá en busca de jóvenes nativos. Hoteles asaltados e incendiados por barbudos. Mueren con esa dignidad nihilista del turista, con un daiquiri en la mano y un orgasmo a la mitad mientras son ametrallados. Todo esto sucede a diario, ¿pero qué ocurre en los trasnsatlánticos?, ¿qué pasa con los cruceros?, ¿qué sucede con las vacaciones en el mar? ¿Dónde van los turistas cuando el barco se hunde?, ¿existen flotadores para todos?

Ser turista en una dura condición. Hay que trabajar todo el año en algo, con sentido o no, pero horripilante en todo caso, ¿pues no es allí donde uno va envejeciendo inútilmente para conseguir ahorrar algo de dinero con el que desplazarse a algún lugar del mundo antes de que lleguen tus amigos?

No existen estadísticas al respecto, pero el número de turistas que muere durante sus vacaciones aumenta cada año, ya sea atragantados por el hueso de un mango comido ansiosamente,  por enfermedades venéreas, cocidos por salvajes, raptados, sodomizados, esclavizados o ametrallados por barbudos muy enfadados, o fulminados por sendos paros cardiacos al amanecer, tras toda una noche loca consumiendo estupefacientes mezclados con alcohol y zumo de plátano. El turista es aquel sujeto que paga por una muerte violenta, y lo consigue.  Quiere escapar de su vida cotidiana, convertida en una somera rutina, para llegar a algún lugar atractivo, que imagina, se aproxime a su personalidad. Y sin embargo jamás regresa satisfecho de sus viajes. Vuelve a sus rutinas con la sensación de haber hecho el canelo. Por suerte, no revelan su vida interior sino es por algún luminoso detalle. Yo, personalmente lo agradezco. Quizá no tengan vida interior.

El fin del turista es el accidente, sin embargo, nadie hace mención alguna al turismo marítimo y a sus desastres. Cada año, decenas de naufragios, tsunamis, tempestades, arrastran a estos enormes barcos del placer hacia las profundidades abisales. Muchos perecen ahogados, pero, ¿y los supervivientes?, ¿dónde están?

Tengo que recordar el sin fin de motines que se producen en las embarcaciones turísticas por parte de una tripulación mal pagada y hastiada de servir copas a turistas decadentes (Llamar a un turista, decadente, es una redundancia. ¿Qué puede ser el turista si no?, ¿acaso podría ser otra cosa?) Efectivamente, cada año se desencadenan motines fuera de control en los barcos. ¿Qué camarero no ha deseado, no ha pensado, aunque sea una sola vez en su vida,  arrojar al mar a un turista de pantalón corto y camisa floreada tras soportar una y otra vez sus impertinencias y arrogancia? A veces, es cierto, la tripulación mata a a los turistas y después se dirige hacia algún país socialista donde se hayan abolido las clases y la imbecilidad, o al menos, estén en franco retroceso. Lamentablemente, el capitán del barco vacacional o su propietario, prefieren quemar el barco antes de que le personal subalterno tome el control de la nave. Así son de hijos de puta. Temen que cuando el personal subalterno comienza a pensar, se produzca el contagio. "Contagio", lo llaman, como si pensar se tratara de una enfermedad, en vez de un producto de la inteligencia colectiva. Es mejor un barco a la deriva sin tripulación.

Las represalias contra el personal subalterno pensante concluye cuando los turistas descubren que el barco se encuentra a la deriva, a expensas del azar, a merced de las olas, de las corrientes transoceánicas que arrastran al barco a una singularidad, hacia una isla donde turistas naúfragos de todas las nacionalidades, recalan. Los barcos turísticos encallan en los arrecifes coralinos. Los turistas desembarcan.

La Isla de los Turistas

A primera vista, con sus cocoteros, palmeras y extensas playas, la isla de los turistas parece uno de esos folletos de las agencias de viajes, promete aventuras sexuales y diversión garantizada. Sólo la visión de los restos de grandes embarcaciones naúfragas, varadas en la arena y desvencijadas, turba la contemplación de este bucólico paisaje.

Un turista no puede dejar de ser un turista mientras siga siendo un turista. Es decir, hasta el fin de sus vacaciones programadas, cuando vuelva a la rutina cotidiana de la oficina. "Un turista no puede dejar de ser un turista" de la misma manera que un oficinista no puede dejar de ser oficinista. Es la otra cara de la misma moneda, de una existencia sin ningún sentido u objeto.

Un turista abandonado a su suerte en la isla de los turista continuará siendo un turista. Es cierto que espera, paradójicamente, la llegada de un helicóptero de salvamento que le devuelva a la realidad de la gran urbe, a la vuelta al orden, a la oficina. En realidad detestan sus vacaciones de la misma manera que aborrecen su trabajo. Se sienten insatisfechos como turistas u oficinistas, pero nunca lo revelan. Si acaso dicen lo contrario. Quizá ni siquieran sepan que su vida es un sinsentido, que están haciendo el canelo, aunque probablemente lo intuyan. Así que continuarán un poco de tiempo más en su rol de turista. Pasará sus días en la playa, sin hacer nada, tomando el sol, con grandes ulceraciones provocadas por una protección solar insuficiente.

Los turistas naúfragos de la Isla de los Turistas hace tiempo que agotaron todas sus reservas de desodorantes, cremas solares, botox, crema dental, crema anal, crema hidratante, crema vaginal, crema capilar. Sus cuerpos macilentos han de dejado de serlo, y ahora se desfiguran por la acción del Sol constante y estival. Sin embargo todo esto no impide que las fuerzas primigenias e insaciables de la naturaleza les llame y les empuje a satisfacer sus apetitos sexuales y proteicos con los aborígenes de la isla.

Los aborígenes de la isla son seres grises. Comen verduras grises que brotan de esa tierra gris tan peculiar de la isla. Tienen ojos grises, dientes grises, piel gris. Demasiado gris en comparación con el colorido del turismo naúfrago de masas. Por suerte, los aborigenes, son humanamente grises. Hablan una lengua gris que los turistas son incapaces de entender. Los niños aborígenes fritos saben mejor si son grises.

"Vivir el aquí y el ahora"- Recuerdan los turistas una y otra vez. "No hay que reprimir nuestra preciosa naturaleza."- Dicen. "¿O acaso no estamos hechos de la misma materia que el cosmos? ¿O acaso los soles no devoran planetas antes de explotar? ¿Por qué no talar ese cocotero si nos lo pide el cuerpo? ¿Por qué no untar el cuerpo de este aborigen caído en su huída con aceite de palma y asarlo en la barbacoa?"

Los cocoteros se acaban, los aborígenes también, pero los turistas siguen llegando a la playa, uno tras otro. Nuevos barcos a la deriva encallan en sus costas, nuevos cuerpos arrastrados por las corrientes oceánicas, aturdidos, piden un daiquiri al despertar. Aumenta el número de turistas. El hacinamiento es máximo. Ya lo hemos dicho antes, porque después de todo, el turista no puede dejar de ser un turista.










2 comentarios:

nemo (tanto tiempo...) dijo...

Dominguet, tendrás que escribir un día, si no lo has hecho ya, la tragedicomedia del escalofriante turista menguante. Ya sabes, esa ley de la física que dice que cuando su número aumenta ellos disminuyen; de otro modo no habría espacio para tanta estupidez por metro cuadrado.

PS: Por un casual veo la introducción de tu periodiquito ¿cómo el zenit? Que no te engañen, Dominguet, el poeta es como los árboles y los cocodrilos, crece mientras habita la vida.

Dominguet dijo...

"La tragicomedia del turista menguante", qué bien suena. Me gusta por lo que me toca. ¿Acaso no he sido yo mismo alguna vez un turista? ¿Puedo asegurar que dejaré de serlo para siempre? me parece fascinante tu propuesta, se puede hablar y escribir largo y tendido sobre ello. Por otro lado he descubierto una página llamada "Plataforma Pro Vivienda Turística", al principio pensé que era una página de humor satírico, pero no, hablan en serio. Tienen incluso viñetas en las que salen perlas como -"¿No has dormido bien? Seguro que ha sido por el ruido que hacen los turistas" - "¿Estás seguro de que eran turistas? Yo diría que eran personas". http://www.proviviendasturisticas.com/

Gracias por tu apuesta por el crecimiento creativo. Me la tatúo en la piel.



 
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